3 Herramientas para hacer de tu Vida un Camino Pleno

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Mujer en Camino Pleno

«A veces  no tengo tiempo para mí misma, a veces ni siquiera para comer bien o dormir lo suficiente.  Mi vida es rápida y yo elegí vivirla así. Me he sometido a la presión externa de mi jefe, de mi familia y de mis amigos, hasta de gente desconocida, para aparentar algo

que no soy. No soy una máquina, pero a todo el mundo le acostumbré a verme como si la fuera. Hasta yo misma creí, que podré mantener ese ritmo para siempre, hasta el día, en que mi vida se derrumbó; hasta hoy. »

Estas son palabras de una persona que podría ser el prototipo de la mujer/hombre del siglo XXI., del siglo de la información, del siglo de las “máquinas humanas”.

¿Por qué tanta prisa? ¿Será que uno llega antes a su destino con esa velocidad? Por lógica, podría ser así…debería ser así. Sin embargo llegar antes de lo esperado, llegar antes de los demás te hará SER más?`

La observación requiere tiempo y tranquilidad, y uno de los requisitos imprescindibles de la transformación es observar, para convertirse en un nuevo observador. A menudo se necesita frenar, para poder observar a ti mismo y a tu realidad.

Para dar pasos firmes hacia la plenitud, aquí te dejo tres herramientas de Coaching que me funcionan. Esta primera te ayudará a estar presente en tu propia vida.

 

Herramienta N°1 – ¡Modera tu velocidad en tres pasos “A cámara lenta”!

1er paso: Identificar la evidencia corporal de “una velocidad exagerada” a través de preguntas que puedes hacer a ti mism@.

¿Qué sientes exactamente en tu cuerpo cuando te das cuenta de que estás viviendo demasiado rápido?
¿Dónde/en qué parte de tu cuerpo lo sientes?
En una escala de 1 al 10 ¿con que intensidad lo sientes?

¿Qué emoción acompaña a esa sensación corporal?
¿Qué color le pondrías a esa sensación?

Solo obsérvate y contesta las mismas preguntas durante unos días (te sugiero llevar un diario), hasta que identifiques con facilidad las sensaciones y emociones vinculadas al estado que quieres cambiar.

 

2do paso: Una vez hayas detectado ese estado de extrema velocidad (ya eres consciente de él y de sus efectos físicos y emocionales), cambia a modo cámara lenta por unos segundos. Y observa el cambio emocional lo que acompaña al cambio físico.

Disminuye tu velocidad enseguida, aunque sea sólo por unos segundos, al comer, al hablar, etc., sin interrumpir la actividad.
Si el contexto lo permite, hazlo de forma extrema, hasta cómica, como si fuera una grabación a cámara lenta, para darte permiso a verte desde fuera, desde un nuevo punto de observador, que te permitirá frenar no luego, por la noche, la semana que viene o el día 1 de enero,  sino en el momento preciso, en el aquí y ahora.

 

3er paso: Disfruta el momento, vívelo, saboréalo, permítete un respiro.

Acostumbrarte a darte ese permiso inmediato para disfrutar tu vida en el aquí y ahora. Con la  práctica pronto te permitirás experimentar la tranquilidad de una mañana sin despertador, realmente saborear la comida, escuchar de verdad a la gente, que dices, que te importa, disfrutar del canto de los pájaros en el parque, sintiéndote libre al hacerlo.

 

Herramienta N°2 – “Volver a la inocencia”

A menudo juzgamos a las personas, culpamos a terceros por lo que nos pasa, colocamos nuestra responsabilidad en manos de otros. Sin embargo si te observas, pronto te das cuenta, de que detrás de cualquier juicio hacia otros, está el juicio propio; la culpa, que uno siente por uno mismo.

En realidad el rencor que crees que sientes contra tu jefe por exigir demasiado o por la compañía por tratar a sus trabajadores como máquinas, no tiene comparación con la culpa que en el fondo sientes porque TU ESTAS PERMITIENDO QUE ESTO OCURRA.

Perdónate y libérate afirmando que eres inocente, tal como son las personas quienes te rodean,  repitiendo las siguientes frases.

 

Me perdono…

Por haberme olvidado quien soy.

Por haber permitido que…/Por no haberme permitido…

Por no haberme dado cuenta antes de que…

Por estar haciéndome daño a través de (Pedro/Lucía, mi mamá, etc…)

 

Si después de aplicar este ejercicio cada vez que te sientes culpable por algo (identificando a través de qué sensaciones físicas se manifiesta la culpa en tu cuerpo) y después de pasado mínimo 21 días aun sientes rencor hacia otros, juzgando su forma de ser o comportamiento, recuerda a esa frase poderosa:

“Si yo estuviera en tu lugar, haría exactamente lo mismo que tu”

Significa, que si yo estuviera en tu lugar, yo sería tu. Hubiera nacido en tu familia, hubiera tenido los mismos padres, las mismas improntas, traumas emocionales, experiencias, hoy tendría las mismas creencias, valores y bloqueos emocionales, por lo tanto pensaría, diría y haría exactamente lo mismo que tú.

No es una excusa, de ninguna manera justifica al otro, sin embargo desarma cualquier juicio que nace en tu interior.

Para vivir una vida plena, es necesario preguntarte, qué es lo que realmente importa en tu vida. Siendo congruente con tus valores, con tu SER, la sensación de plenitud te acompañará de forma permanente.

 

Herramienta N°3 –  “¿Qué es lo importante para mí?»

Lo que estoy haciendo en este momento ¿realmente importa?¿ Lo que pienso, digo y hago están en congruencia?

A mí me ha funcionado de maravilla colocar post-its en toda mi casa, en las paredes, nevera, encima de mi cama, en el escritorio, en la cocina, incluso en mi auto con esas mismas preguntas.

Como resultado de rodearme con interrogantes  tan incómodas, pronto dejé mi obsesión de limpiar la casa, para tener más tiempo para sentarme a jugar con mi hija. He cambiado la televisión por libros y me he dado cuenta de que las pequeñas discusiones con mi familia se disminuyeron significativamente.

 

¡Bienvenidos al camino a la plenitud!

 

LCI Írisz Császár

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